Por Adam RangotisRevisado el 3 de agosto de 2026
Un falso positivo es el error que más preocupa, y con razón: significa que una persona sincera aparece como engañosa. Ocurre, se sabe por qué ocurre y hay maneras concretas de reducirlo. Lo que sigue explica de dónde sale ese error, por qué se dispara en los cribados masivos y qué debería exigir a un examinador para minimizarlo.
Los cuatro resultados posibles
Todo examen produce uno de estos cuatro desenlaces, y conviene tener los nombres claros:
- Verdadero negativo. La persona dice la verdad y el examen lo refleja.
- Verdadero positivo. La persona miente y el examen lo detecta.
- Falso positivo. La persona dice la verdad y el examen indica engaño. El error que aquí nos ocupa.
- Falso negativo. La persona miente y el examen no lo detecta.
En exámenes de incidente único realizados por profesionales, la tasa de falsos positivos puede situarse en torno al 2–4 %. En cribados masivos sube muchísimo, y por un motivo que es más matemático que técnico.
Por qué se producen
Ansiedad de evaluación
No es el nerviosismo general —eso lo tiene todo el mundo—, sino el miedo específico a no ser creído. Alguien inocente que teme que la máquina se equivoque puede reaccionar con fuerza justo ante la pregunta relevante. Una entrevista previa larga existe en buena medida para desactivar esto.
Significado personal de las preguntas de control
La técnica compara la reacción ante la pregunta relevante con la reacción ante preguntas de control. Si una de control toca una fibra personal inesperada, la comparación se distorsiona.
Condiciones médicas y medicación
Problemas cardiovasculares o respiratorios, dolor, y ciertos fármacos alteran las señales que se registran. Por eso hay que declararlo al reservar y no el mismo día.
Preguntas mal formuladas
Una pregunta ambigua obliga a la persona a interpretar qué se le pregunta, y esa duda interna se registra. Es la causa de error más evitable de todas.
Entorno y sesgo del examinador
Ruido, interrupciones o una sala incómoda contaminan el registro. Y un examinador que llega convencido de la culpabilidad puntúa distinto: de ahí la revisión ciega por un segundo profesional.

El problema de la tasa base
Esta es la parte que casi nadie explica y la que más determina cuántos inocentes acaban señalados.
La tasa base es la proporción de personas que realmente mienten dentro del grupo examinado. Cuando esa proporción es muy baja, incluso una prueba muy buena produce muchos más falsos positivos que aciertos.
Un ejemplo con números redondos. Imagine 1.000 empleados de los que 10 han cometido el hecho investigado, con una prueba que acierta el 90 %. Detectará a 9 de los 10 culpables, pero también marcará como engañosas a unas 99 de las 990 personas inocentes. De las 108 personas señaladas, más del 90 % serían inocentes. La prueba no ha fallado: es la aritmética.
De ahí que el National Research Council (2003) desaconsejara expresamente el polígrafo como herramienta de cribado masivo de personal. No es lo mismo aplicarlo a mil personas por si acaso que a una persona sobre un hecho concreto en el que ya hay indicios: ahí la tasa base es alta y el problema desaparece en gran medida.
Qué dice la literatura
El meta-análisis de la American Polygraph Association (2011) reporta tasas de error bajas para técnicas validadas de incidente único. El National Research Council (2003), más crítico, concluyó que el polígrafo discrimina claramente mejor que el azar pero está lejos de ser concluyente, y que su rendimiento cae con el cribado. Los estudios de campo con examinadores expertos tienden a situarse más cerca de las cifras de la APA.
Las dos posturas son menos contradictorias de lo que parece: hablan de formatos distintos aplicados a poblaciones distintas.
Las salvaguardas que sí funcionan
La primera de todas ocurre antes de la cita: descartar a los examinados no aptos en la evaluación previa es lo que más reduce este riesgo.
Un examinador serio aplica varias a la vez. Estas son las que más reducen el riesgo de falso positivo:
- Elegir el formato correcto: incidente único siempre que sea posible.
- Entrevista previa exhaustiva, revisando cada pregunta y bajando la ansiedad.
- Preguntas de control bien construidas, ajustadas a la persona concreta.
- Control del entorno: sala reservada, sin interrupciones ni terceros.
- Puntuación numérica en lugar de impresión global.
- Umbrales de decisión conservadores: ante la duda, inconcluso, no «engaño».
- Varias series de registro, no una sola pasada.
- Revisión ciega de las gráficas por otro profesional.
- No decidir nada sólo con el polígrafo. Es un elemento más, no una sentencia.
Qué hacer si cree que le ha ocurrido
El primer paso es distinguirlo de un resultado que simplemente no permite concluir: eso es un resultado inconcluso y se gestiona de otra manera, normalmente repitiendo la sesión sin coste.
Si el resultado indica engaño y usted sabe que dijo la verdad, pida el informe completo y con él la metodología, las gráficas y las puntuaciones. Un informe serio permite que otro examinador revise el trabajo. Pregunte también qué formato se usó, cuánto duró la entrevista previa y si se declaró alguna condición médica o medicación.
Y recuerde el principio anterior: un resultado de polígrafo no debería bastar por sí solo para tomar una decisión que afecte gravemente a una persona.
